Cómo se adaptan las ciudades europeas a las extremas olas de calor

El verano europeo de 2022 es uno de los más calurosos de las últimas décadas, con temperaturas que superaron los 40 grados, prolongadas sequías y dificultades para sostener el suministro de agua. El panorama obligó a la mayoría de las ciudades a adoptar medidas de contención, que incluyen desde la instalación de refugios ecológicos hasta la siembra de miles de árboles.  

Algunas de las principales metrópolis de Europa Occidental, como Ámsterdam, París, Londres, Atenas o las españolas Vitoria, Barcelona y Sevilla, pusieron en marcha medidas de adaptación a los impactos del cambio climático con sistemas de arbolado y cinturones verdes, refugios climáticos, suelos drenantes o estanques artificiales para el ahorro de agua de escorrentía.

Cerca del 76 % de la población de la UE vive en ciudades y se prevé que este porcentaje se eleve al 82 % para mediados de siglo, por lo que gran parte de la adaptación tendrá que ocurrir en los entornos urbanos. Los residentes de las áreas urbanas se encuentran entre las más afectadas cuando ocurren las olas de calor, en parte debido a las islas de calor urbano. Este es un fenómeno que ocurre cuando las ciudades reemplazan la cobertura natural del suelo con densas concentraciones de superficies que absorben y retienen el calor, como pavimentos y edificios. Los niveles de riesgo de calor también varían según el vecindario, siendo los sectores menos acomodados e históricamente marginados los más afectados debido a la densidad de la población, el acceso limitado a los sistemas de refrigeración y la disponibilidad limitada de espacios urbanos verdes.


Los espacios verdes urbanos son la forma más eficiente e intuitiva de reducir los efectos de isla de calor urbano y brindar comodidad a los ocupantes cercanos. La expansión de la infraestructura verde y la mejora del acceso a los parques y jardines urbanos es especialmente relevante en los barrios de bajos ingresos, que se sabe que tienen menos parques y espacios verdes y más pequeños, un fenómeno conocido como la "brecha de equidad de los parques".

El anillo verde de Vitoria, por ejemplo, contiene una pista circular de parques conectados entre sí con senderos, agua, arbolado y zonas de esparcimiento, que actúa como escudo ante las islas de calor, e incluye una serie de radios que entran en la ciudad como corredores ecológicos que hacen que el verde venga de la provincia, de los montes de Vitoria hasta el centro de la ciudad, que tiene además humedales, gestión sostenible del agua, de las especies autóctonas, de redes separativas, de depuración de agua, entre otras medidas.

Además, en los últimos años, se han desarrollado varios materiales innovadores que aprovechan los beneficios de la pintura blanca para reflejar el calor de los edificios y pavimentos y crear temperaturas más frías que reducen el uso de sistemas mecánicos de enfriamiento adicionales.

Las ciudades también están implementando medidas estacionales para proteger a sus ciudadanos más valiosos del calor extremo. Ciudades como Barcelona y París han creado redes de refugios climáticos: espacios especialmente acondicionados y mantenidos a 26 grados centígrados con buena accesibilidad, áreas de descanso y agua para aliviar la sensación de calor. Los espacios públicos y las escuelas locales de las ciudades se adaptan para que sirvan como refugios, mientras que también se promueven parques al aire libre con una alta presencia de vegetación urbana y fuentes de agua. La ciudad de París también ha implementado una aplicación móvil que monitorea el confort térmico en todas las áreas de la ciudad ayudando a los usuarios a encontrar el espacio de enfriamiento más cercano y el lugar de agua potable gratis o planificar la mejor ruta para evitar molestias.

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